Un viernes de septiembre...
Nunca fue una simple idea.
Siempre fue un plan.
Daniel y Matilda, juntos desde hace poco más de 3 años, idean con romper realidades y acariciar fantasias.
Y ambos acordaron las reglas del juego.
Dan eligió la ropa que usaría Mat, en esa cita, con Alejandro, acordada desde hacia algunas semanas. Los detalles importan, porque Alex, es cliente del trabajo de ella.
Y como los detalles importan, Dan decidió el vestido corto, de talle ceñido, que dejara lucir sus piernas. Ella sabe que sus piernas son admiradas.
Incluso la ropa interior, la que a Dan le gusta, la eligió él, para que la admirara otro hombre... Cuando se da bonito el complacer...
Ella se dirigió al lugar de la cita. Un restaurante, de esos de revistas de socialité, con espacios iluminados apenas por reflejos... Alex ya la esperaba y sus ojos chispearon al verla entrar.
Cenaron tranquilos, hablando de aquí y de allá. Sin el nervio de la expectativa, pero con la emoción de lo desconocido.
A ratos, las manos de Alex se posaban en las de Mat, con la intención de seducir. Lo lograba. Ella sentía el cosquilleo en la punta de sus dedos, que deliciosamente, terminaba en sus pezones, por momentos erectos.
En la última copa de la noche, Alex sugirió ir a otro lugar y se acercó a depositar un beso suave y tierno en los labios de Mat, quien aprovechó el ángulo y el momento para susurrar bajito, rozando con los labios húmedos de vino, el lóbulo de la oreja masculina: "a donde tú quieras".
El erotismo se olía en el ambiente. El deseo floraba en el aire. La concupiscencia los alineaba con el universo.
En el cuarto de hotel 4 estrellas, en esa noche cálida y húmeda de Tijuana, los cuerpos eran aún más calientes y mojados.
Mat se despojó de su vestido y solo conservo puesta la tanga negra, cuyo color impedía ver que ya escurría el flujo vaginal de la excitación.
Con movimientos estudiados y practicados muchas veces, Alex quedó completamente desnudo en un par de pestañeos de Mat.
Alex se acercó y beso, ávido, los senos de ella, hablándole de su belleza. Con agilidad, deslizó su mano dentro de la tanga y descubrió, complacido de saberse el autor, el ya abundante flujo de la vagina de Mat. Ella, lujuriosa, lo dejó jugar sus dedos ahí, solo un momento, porque, extasiada y excitada como estaba, se inclinó a meter el gran y apetitoso falo circuncidado de Alex en su boca y chupó y mamó y lamió con ganas y detenimiento.
Se tumbaron en la cama y Alex bajo a deleitarse en esa vagina mojada y palpitante.
Mat, desinhibida, casi le ordenó: "cómetela toda, cabrón" lo que provocó en Alex un reflejo de esa pasión animal que hace al hombre tratar a la mujer como puta. Se quitó de encima apenas un segundo, para abrir con fuerza las piernas de Mat y, en un solo movimiento, del amante que sabe hacer su papel, la embistió de una sola vez. Y le dijo, también en tono de orden irrestricta: "aprieta más, puta, más", terminando la frase en un bufido, ya dije, animal...
Para entonces, era difícil parar las palabras puta, cabrón, verga... La ternura había dado paso a la pasión morbosa y lasciva.
Alex intentó salirse del cuerpo de ella, cuando estaba a punto de eyacular, pero casi en una suplica, Mat le pidió: "hazlo dentro de mi". E implosionarón entre una tormenta de luces nacidas de la nada.
El descanso, la relajación, dió paso a una ligera interacción de miradas y Mat aprovechó a enviar un mensaje corto, conciso, a Dan: "estoy bien".
Cuando las respiraciones se normalizaron, y Alex dijo sonriendo: "pagué toda la noche", fue como el boleto de Mat a una segunda ronda y abrazada al cuerpo de Alex, lo besó instinti... No. Lo besó reclamando el derecho a esa segunda ronda...
Los dedos de Alex, ya reconocido ese cuerpo, entraron uno a uno en la vagina de Mat y jugueteando así, entre los chasquidos por el semen que la había inundado minutos antes y escurría aun entre las piernas de Mat, la sometió para poner su verga en su boca y extasiarse de esas lamidas, esas chupadas, que Matilda daba con auténtico gozo.
Cuando Alex marcó que era suficiente, la arrastró hasta ponerla en cuatro y bombeó dentro y fuera, dentro y fuera, con el sonido característico de una cogida rítmica.
Volviendo un poco a la ternura, Alex preguntó si podía penetrarla por atrás y, objetivamente, fue la primera vez en la noche, que Mat pensó en Dan. Porque él lo hace así, porque lo ha hecho con mucha frecuencia, últimamente, pensó y aceptó. Y también pensó que esa verga grande podía lastimarla... Pero la soltura y la experiencia de Alex la protegieron, pues con los propios fluidos de ambos, embarró con sus dedos el ya casi dilatado culo y, siempre con movimientos precisos, la penetró de un tirón.
Ella tuvo un orgasmo que provocó se orinara encima y vuelta las luces nacidas de quién sabe dónde, hasta que sintió en su interior, el mar caliente del semen de Alex.
Ella de bruces, él a su lado, cansado, complacido, la trato de diosa.
Dormitaron apenas y pocos minutos antes de despuntar el alma, volvieron a estar juntos. Lo que se dice juntos, cuando 2 cuerpos se hacen uno y se pierden en la concupiscencia.
Cuando Mat dejó el hotel, llevaba el maquillaje corrido, una sonrisa en el rostro y las prisas por llegar a casa.
Dan, que siempre estuvo despierto, quizá imaginaba, quizá, ensoñaba. A las 7 de la mañana, la recibió desde la puerta. Mat le pidió dormir un rato, pero ese rato se volvió el día entero. Y Dan, hacía como que hacía, ocupaba su tiempo en leer, en escribir unas lineas, en volver a hacer como que hacia, paciente, buen esposo, que sabe tendrá su espacio, porque ella lo ama...
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